CRÍTICA DE CINE

Holy Spider (Araña Sagrada): La telaraña del fanatismo

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Holy Spider (Araña sagrada)

Próximos estrenos España 13 de enero  

Título original

Holy Spider
Año
Duración
117 min.
País
 Dinamarca
Dirección

Ali Abbasi

Guion

Ali Abbasi, Afshin Kamran Bahrami

Música

Martin Dirkov

Fotografía

Nadim Carlsen

Reparto

Zar Amir-EbrahimiMehdi BajestaniArash AshtianiForouzan JamshidnejadMesbah TalebAlice RahimiSara FazilatSina ParvanehNima Akbarpour

Compañías
Coproducción Dinamarca-Alemania-Francia-Suecia; 

Profile Pictures, ONE TWO Films, Nordisk Film Production, Wild Bunch, Why Not Productions, arte France Cinéma

Género
ThrillerDrama | CrimenNeo-noirProstituciónAsesinos en serieBasado en hechos realesDrama judicial / Abogados/as
Sinopsis
Irán, 2001. Una periodista de Teherán se sumerge en los barrios con peor reputación de la ciudad santa de Mashhad para investigar una serie de feminicidios. Pronto se dará cuenta de que las autoridades locales no tienen ninguna prisa por resolver el asunto. Los crímenes son obra de un solo hombre, que asegura purificar la ciudad de sus pecados y que ataca a prostitutas por la noche.
 
CRÍTICA

Lo primero que choca al saber de Holy Spider es la bandera danesa que acompaña siempre sus datos de producción, para una película ambientada en Irán y sin ningún tipo de seña europea en lo que acaece en pantalla. Pero esta sorpresa inicial cobra todo el sentido cuando vemos que Ali Abbasi, nacido en Irán y afincado en Dinamarca, se encuentra al frente del proyecto. Entonces, lo que asombra aún más es contemplar el giro que el cineasta ha efectuado tras Border (2018), ese romance de outsiders bien real que contaba desde el fantástico, con el que se dio a conocer en todo el mundo e incluso logró hacerse un hueco en los Oscar de ese año. En Holy Spider, Abbasi se despoja de cualquier atisbo imaginario para ponerse el manto más politicosocial, apuntando a las vergüenzas de su país de origen.

Cualquiera que viva a conciencia en este mundo no debería ser ajeno a la actualidad de Irán, donde las mujeres, en un ejercicio de fortaleza, han hecho uso del empoderamiento y dicho “basta” a la desigualdad y sumisión a las que son forzadas sistémicamente en una sociedad extremadamente patriarcal. Esta revuelta legítima que ha tomado las calles, simbolizada en el levantamiento del velo y el descubrimiento del pelo, consigue que la película de Abbasi cobre más fuerza porque, a pesar de situarse a principios de la década de los 2000, los males que aquejan al pueblo persa perduran claramente en el presente. Y la acumulación de represión acaba por explotar en ansias de la dignidad y el respeto.

Como decíamos, Holy Spider parte de unos sucesos ocurridos en la ciudad santa de Mashhad, donde un hombre religiosamente devoto asesinó a distintas mujeres en situación desfavorable, muchas de ellas prostitutas, amparándose en la necesidad de limpiar la ciudad de parásitos pecadores. El fanatismo religioso y el machismo endémico fomentados desde una teocracia retrógrada llevan a las peores consecuencias en nombre de Dios y eso es una de las múltiples problemáticas que Abbasi expone en una rabiosa denuncia que, sin embargo, abraza los tempos occidentales.

El film opera como un neo-noir de caza al asesino, inevitablemente comparable a David Fincher, donde los puntos de vista del criminal y la periodista investigadora –ambos interpretados con fuerza por Mehdi Bajestani y Zar Amir-Ebrahimi- se alternan para dar cabida a un espectro antropológico más amplio en su retrato. La representación de los feminicidios invoca a la crudeza y cercanía del slasher, con el cual Abbasi incide en el desprecio hacia la figura femenina y, a la vez, caracteriza la frialdad y parsimonia de su protagonista masculino. Asimismo, desde la óptica de la cronista se despliegan otras actitudes discriminatorias bien arraigadas en la cotidianidad, donde la posición inferior de las mujeres queda aún más marcada.

El equilibrio entre la trama criminal y la cuestión social resulta notable porque se retroalimentan el uno al otro. La intriga recibe valor y trasciende la convención por el contexto donde se desarrolla, mientras que la denuncia se retiene en la memoria por el vehículo de género en el que se formula, adaptado a la idiosincrasia iraní. Y es en el tercer acto en el que Holy Spider se aparta del cine negro para entrar en el drama judicial con cierto aroma a Asghar Farhadi y su puesta sobre la mesa de las contradicciones morales. La dicotomía entre perturbar la paz y mancillar los derechos humanos en honor a un supuesto “deber divino” o proteger la integridad y defender la libertad de toda persona se cierne sobre una sociedad que, en medio del adormecimiento propugnado por la tradición más fundamentalista, posee voces críticas que pretenden despertarla para avanzar hacia unos derechos básicos iguales para todos.

Es en este tramo donde Abbasi exhibe la verdadera naturaleza del régimen teocrático por el que se rige el estado, preocupado permanentemente por tener una imagen lavada de puertas afuera, no importa a quien tengan que traicionar o dejar a la estacada. Su supervivencia es lo primordial. Y el director utiliza su trabajo como arma para dispararle, aportar un pequeño golpe para dejar constancia de la perversidad en la que se sostiene. No es especialmente sutil, pero sí reúne mucho poder y coraje. Más que suficiente para combatir a las autoridades de un lugar donde hoy en día siguen asesinándose a mujeres por el simple hecho de serlo y reclamar unos estándares que deberían tener garantizados. Y donde cualquier apoyo a esta lucha por parte de quien sea puede llevar a uno a la horca. Si no, que se lo digan al futbolista Amir Nasr-Azadani.